Soplos de eterna juventud

100 poemas breves para descubrir la poesía de la antigüedad




Entiendo que la función de toda traducción es trasladar de un código a otro la información contenida en un mensaje, para poder trasmitirse así a un receptor incapaz de descodificar el código del emisor. A la dificultad de encontrar las correspondencias léxicas entre dos lenguas naturales, producto de culturas que además pueden ser muy distintas, se suma en la traducción de poesía la problemática de trasladar toda esa información que el poeta no transmite a través de los procedimientos de la expresión estándar —no marcada—, sino mediante las operaciones propiamente poéticas: las cadencias que proporcionan un ritmo, las reiteraciones, la estructura de la cadena fónica, etcétera.

Una vez que se asume la imposibilidad de trasladar completamente la información , es tarea del traductor decantarse por salvar una información en detrimento de otra, en función de una jerarquía motivada por muy diversos factores, como el tipo de público al que se dirige o la interpretación de lo que es la poesía, entre otros.

Mi condición de filólogo clásico me permite aproximarse a la poesía antigua con una cierta integridad y exhaustividad, pero no concibo mis traducciones sino como una labor poética de creación, que es de hecho lo que fue siempre en sus orígenes, así por ejemplo en Roma o en el Siglo de oro español. Sin llegar a ser traducciones, parte de mis poemas son emulaciones de formas o temas clásicos, pero si bien la diferencia entre lo propio y lo heredado es un hecho cultural dificilmente escindible, designo como traducciones aquellas obras que respetan en un porcentaje importante, a pesar de ciertas licencias, el mensaje originario y tienen la voluntad de reproducirlo, en la medida de lo posible. Expongo aquí una pequeña muestra de mis preferencias y mi estilo de traducción.



Catulo 6

Flavi, delicias tuas Catullo,
ni sint inlepidae atque inelegantes,
velles dicere, nec tacere posses.
verum nescio quid febriculosi
scorti diligis: hoc pudet fateri.
nam te non viduas iacere noctes
nequiquam tacitum cubile clamat
sertis ac Syrio fragrans olivo,
pulvinusque peraeque et hic et ille
attritus, tremulique quassa lecti
argutatio inambulatioque.
nam nil stupra valet, nihil, tacere.
cur? non tam latera ecfututa pandas,
ni tu quid facias ineptiarum.
quare, quidquid habes boni malique,
dic nobis: volo te ac tuos amores
ad caelum lepido vocare versu.




Marcial X 47

Vitam quae faciant beatiorem,
Iucundissime Martialis, haec sunt:
Res non parta labore, sed relicta;
Non ingratus ager, focus perennis;
Lis numquam, toga rara, mens quieta;
Vires ingenuae, salubre corpus;
Prudens simplicitas, pares amici;
Convictus facilis, sine arte mensa;
Nox non ebria, sed soluta curis;
Non tristis torus, et tamen pudicus;
Somnus, qui faciat breves tenebras:
Quod sis, esse velis nihilque malis;
Summum nec metuas diem nec optes.




Marcial III 44

Occurrit tibi nemo quod libenter,
Quod, quacumque venis, fuga est et ingens
Circa te, Ligurine, solitudo,
Quid sit, scire cupis? Nimis poeta es.
Hoc valde vitium periculosum est.
Non tigris catulis citata raptis,
Non dipsas medio perusta sole,
Nec sic scorpios inprobus timetur.
Nam tantos, rogo, quis ferat labores?
Et stanti legis et legis sedenti,
Currenti legis et legis cacanti.
In thermas fugio: sonas ad aurem.
Piscinam peto: non licet natare.
Ad cenam propero: tenes euntem.
Ad cenam venio: fugas sedentem.
Lassus dormio: suscitas iacentem.
Vis, quantum facias mali, videre?
Vir iustus, probus, innocens timeris.




Horacio II 3

Aequam memento rebus in arduis
servare mentem, non secus in bonis
ab insolenti temperatam
laetitia, moriture Delli,

seu maestus omni tempore vixeris
seu te in remoto gramine per dies
festos reclinatum bearis
interiore nota Falerni.

quo pinus ingens albaque populus
umbram hospitalem consociare amant
ramis? quid obliquo laborat
lympha fugax trepidare rivo?

huc vina et unguenta et nimium brevis
flores amoenae ferre iube rosae,
dum res et aetas et sororum
fila trium patiuntur atra.

cedes coemptis saltibus et domo
villaque, flavos quam Tiberis lavit,
cedes et exstructis in altum
divitiis potietur heres.

divesne prisco natus ab Inacho
nil interest an pauper et infima
de gente sub divo moreris:
victima nil miserantis Orci.

omnes eodem cogimur, omnium
versatur urna serius ocius
sors exitura et nos in aeternum
exilium inpositura cumbae.




Mimnermo frg. 1

τίς δὲ βίος, τί δὲ τερπνὸν ἄτερ χρυσῆς Ἀφροδίτης,
τεθναίην ὅτε μοι μηκέτι ταῦτα μέλοι,
κρυπταδίη φιλότης καὶ μείλιχα δῶρα καὶ εὐνή,
οἷ᾽ ἥβης ἄνθ εα γίγνεται ἁρπαλέα
ἀνδράσιν ἠδὲ γυναιξίν: ἐπεὶ δ᾽ ὀδυνηρὸν ἐπέλθῃ
γῆρας, ὅ τ᾽ αἰσχρὸν ὁμῶς καὶ κακὸν ἄνδρα τιθεῖ,
αἰεί μιν φρένας ἀμφὶ κακαὶ τείρουσι μέριμναι,
οὐδ᾽ αὐγὰς προσορῶν τέρπεται ἠελίου,


Elevaros al cielo en tiernos versos

De aquella con quien gozas, Flavio mío,
si no fuera feílla y sin encanto,
no podrías callarte y me hablarías.
Pero amas no sé a qué calenturienta
putilla y te avergüenza el ir contándolo.
Que no duermes en noches solitarias
lo atestigua tu cuarto, en vano mudo:
su aroma a aceite sirio y a guirnalda,
la almohada que a la par aquí y allá
se hunde, y el estruendo y el estrago
trepidante de amor sobre tu cama.
De nada vale ya callarse el crimen:
pues no tendrías los costados rotos
si no fueras haciendo fechorías.
Por eso cuanto hagáis, ya bueno o malo,
cuéntamelo, que quiero a ti y tu amante
elevaros al cielo en tiernos versos.




Sobre la vida buena

Lo que hace la vida más hermosa,
mi querido Marcial, es lo siguiente:
una hacienda heredada sin esfuerzo,
un campo no ingrato, un hogar estable,
vivir sin compromisos y sin pleitos,
un vigor natural, un cuerpo sano,
prudencia y sencillez en ti y los tuyos,
la comida frugal, la mesa sobria,
las noches sin excesos ni problemas,
un lecho sin rigor, pero decente,
un sueño que haga breve la hora oscura.
Querer ser lo que se es y ya más nada.
Ni temer ni anhelar el fin de todo.




Contra un poeta pelmazo

¿Por qué nadie se para a saludarte?
¿Por qué, en cuanto tú llegas, todo huye
y el vacío, Liguno, te rodea?
¿Por qué es así? Porque eres muy poeta.
Eso es un vicio grande y peligroso:
no una tigresa airada, y no una víbora
abrasada en el sol, ni una violenta
escorpión nos produce tanto miedo.
¿Qué puede haber más duro e insoportable?
Me lees si estoy de pie, me lees sentado,
me lees si voy con prisa y mientras cago,
huyo a las termas y en mi oreja suenas,
me dispongo a nadar y me lo impides,
llego tarde a cenar y me retienes,
al fin llego a cenar y al verte huyo,
hecho polvo me duermo y me despiertas.
¿Comprendes ya cuánto dolor produces?
Eres todo bondad, pero te temen.




La templanza y la muerte

Recuerda en los momentos más difíciles
conservar el vigor, y que en los buenos
no te arrastre, insolente, la alegría,
Delio, que has de morir,

ya vivas serio todo el tiempo entero,
ya en un campo alejado, un día en fiestas
pases feliz echado entre la hierba
con un buen vino a mano.

¿Para qué al chopo blanco y al gran pino
les gusta de reunir en sombra amable
sus ramas? ¿Y por qué se esfuerza el agua
en remover el río?

Aquí vino y perfume y dulces rosas,
que poco han de durar, haz que nos traigan
mientras la edad nos deje, el patrimonio
y el hilo de las parcas.

Y tú te irás y quedará tu campo,
y tu viña bañada por el Tíber;
y tú te irás y tu montón de esfuerzo
disfrutará el que herede.

¿Es que algo importa que del rico Inaco
procedas o de gente pobre y llana
que duerme bajo el mismo cielo? La muerte
de nadie se conmueve.

Todos marchamos hacia el mismo sitio
y la suerte de todos ya está echada:
más tarde o más temprano ha de tocarnos
la barca del exilio hacia lo eterno.




La vida después de la belleza

¿Qué vida, qué placer hay lejos — de la áurea Afrodita?
Que se acaben mis días — cuando ya no me importen
los encuentros secretos, los dones del amor, y el lecho,
que son el fruto amable — de la hora adecuada
para la mujer y los hombres. Después llega ominosa
la vejez que deforma — también al que fue hermoso:
en su interior una tristeza — y una inquietud le turban
y ya no le complace — mirar la luz del día.